Se
trata de una novela mexicana para niños y adolescentes, escrita por Guadalupe
Alemán Lascurain[1]
y publicada por Editorial Castillo (del Grupo McMillan)[2]. La historia nos cuenta
sobre una niña llamada Emilia que, al
cumplir once años, se rebautiza a sí misma con el nombre de Mila y empieza a
compartir su mejor talento: provocarse miedo. Poco a poco, llegan oportunidades
para hacer demostraciones de tan curiosa habilidad y la más grande de todas se
presenta cuando sus papás la inscriben en un curso de verano “ideal para niños
inquietos”. Allí, Mila decide mostrar a sus nuevos amigos lo fascinante y asombroso
que puede ser el miedo.
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| Edición de 2001 |
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| Edición de 2007 |
La
razón por la cual he elegido este texto es doble: la primera (y más sencilla)
es porque me encanta y disfruto releerla a cada rato. La segunda (más
académica) radica en su manera de tratar una realidad social concreta, en
cuanto a trama y a estilo literario se refiere. La actual novela mexicana ha
seguido una tendencia más o menos generalizada de enfocarse en temas
coyunturales: la guerra, el narcotráfico, la violencia, el sexo, las crisis
existenciales, todo esto desde un punto de vista “adulto” (no es como si fueran
cuestiones extrañas para la cotidianeidad infantil o como si constituyeran
“verdaderos” problemas, a diferencia de lo que el niño vive día a día).
Conozco
el libro desde que yo misma estaba en secundaria; la he releído varias veces en
diferentes etapas de mi vida y nunca he perdido la oportunidad de recomendarla
a familiares, amigos y desconocidos. Como mi gusto personal y la trama tal vez
no sean razón suficiente, también he de señalar que se trata de una obra
particular, no sólo por el tema y su desenfadado tono narrativo, sino porque se
dirige a su público con una actitud abierta, franca y burlona, mientras plantea
un discurso sin tratos condescendientes; así, la trama y el lenguaje se
disfrutan por sus respectivas virtudes y desaparece la obligación de extraer
cualquier enseñanza de tipo moral.
La
propuesta de Alemán consiste en abordar —con humor, ironía y juegos retóricos— algunos
de los aspectos de la vida infantil desde la siguiente perspectiva: construir
la identidad individual y colectiva a partir de un ejercicio que la mayoría de
las personas no consideraría “apto para niños”. Por medio de un juego estético,
complejo y divertido, se plantea la premisa de que no existe una barrera válida
que separe los miedos infantiles de los adultos; el miedo a la soledad, a lo
infinito, a la verdadera identidad de las personas, a la vida o a uno mismo.
Sin importar la edad, todos nos enfrentamos a los mismos demonios, cada uno con
las herramientas disponibles.
Después
de todo, hoy en día la literatura mexicana para niños se
encuentra en una posición difícil; ante la realidad latente de la violencia
generalizada y de una industria cultural que bombardea a su público sin tregua
con innumerables versiones de las mismas fórmulas, ¿cómo debería desempeñar su
papel de canal para conocer el mundo cuando los extremos oscilan entre encubrir (o negar) el horror del mundo adulto con absurdas evasiones basadas en modelos
caducos y fomentar, desde el principio, una mentalidad cruda, conformista
y hasta cínica sobre lo que es “real” e “inmutable” al más puro estilo del mito
barthiano[3]?
Ahora, en términos literarios, ¿cómo definir el discurso narrativo y estético de la novela
de Alemán en términos literarios? El artículo “La narrativa infantil y juvenil
en las modalidades neosubversivas de la posmodernidad” [4], de Laura Guerrero
Guadarrama (2005), nos ilustra sobre las características y tipificación de las
obras escritas para público infantil, circunscritas en un marco posmoderno.
Así, será posible trazar una relación directa entre elementos específicos y la posible reacción de nuestros lectores.
De
acuerdo con el orden establecido por Guerrero, primero tenemos las modalidades temáticas identificables en La domadora de miedos: a) pertenece a
las narraciones de aventuras, donde las acciones están cargadas de emoción,
suspenso, un ritmo ágil y elementos sorpresivos; b) también pertenece a las
narraciones fantásticas y de humor en las que hay numerosos divertimentos
fantásticos; c) las peripecias transcurren en escenarios cotidianos, realistas
y las acciones son protagonizadas por niños. Los temas del “Terror” y la
“Fantasía” (presentes en la narración) son reinterpretados y mostrados de una
forma distinta a la clásica.
Ahora,
en lo que respecta a los rasgos de la posmodernidad y con base en los
lineamientos ofrecidos en el artículo, es posible encontrar en la novela las
siguientes características:
- Está vinculada con la sociedad posindustrial, de consumo, mediática y el desarrollo de la clase media.
- El concepto tradicional de infancia se cuestiona y se evidencia como un constructo que obedece a ciertos intereses y propósitos socioculturales.
- Hay una intención marcada de explorar la otredad, donde la oposición sirve para conocer otras perspectivas sobre un mismo problema y ampliar los horizontes de pensamiento.
- Tiene un carácter antiautoritario, cuestiona el stablishment adulto y se presentan situaciones en las que se disfruta romper las normas.
- Hay un uso continuo de la ironía y la contradicción: “Los patrones existentes se utilizan y, al mismo tiempo, se subvierten, en una aparente contradicción, como es el caso de lo festivo y lo crítico frente al mundo actual con sus problemas y deficiencias.” (26-27).
- Hay polifonía textual y se observan diferentes registros del discurso: cartas, anuncios, notas, etc.
- Se presentan estrategias lúdicas y subversivas para repensar el mundo de la infancia y la imaginación con respecto de lo adulto; el humor, la parodia, la hipérbole, la sátira, la ironía, la simulación, el habla cotidiana son elementos con los que se cuestiona la jerarquía.
- Se mezcla la realidad y la ficción, de tal manera que lo fantástico se refuerza y no queda claro si el hecho tiene una respuesta lógica o maravillosa.
Tales son los elementos que, en
teoría, arman el discurso posmoderno del texto de Alemán; ahora es necesario
conocer a los lectores que le darán vida y habrán de apropiárselo.
[1] Autora de otros títulos, también
para niños, como: El mundo septiembre
adentro (y varias formas de evitarlo), El
nombre de las brujas, El árbol de las
preguntas, La mentira hambrienta
y Nikola.
[2] Ganadora del Premio de literatura
infantil y juvenil “Castillo de Lectura”, editado por primera vez en 2001 y por
segunda en 2007, cada una con numerosas reimpresiones.
[3] Roland Barthes (1915-1980) es
autor de una serie de ensayos a la que llamó Mitologías (1980). En ellas, se dedica a desmoronar falacias. Por medio de observaciones detalladas y profundas
(con un toque sarcástico), revela que un hecho presentado como natural, en
realidad es una articulación de situaciones históricas.
[4] El cual apareció en el número 5 de
la revista Altertexto de la
Universidad Iberoamericana; número dedicado a la literatura infantil y cuyos
artículos, apuntes y reseñas hacen hincapié sobre su carácter subversivo.


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